La pregunta que orienta este trabajo se articula de la siguiente manera: ¿cómo hacer lazo con la singularidad? Pregunta que surge de un recorrido clínico y teórico que se fue precisando a lo largo de mi práctica y de las tutorías del CID. Su formulación no estuvo dada desde el inicio, sino que se fue construyendo a partir de un interés persistente por la función del objeto a en la experiencia analítica y en los modos en que un análisis puede concluir, interrumpirse o cerrarse en la clínica cotidiana, entendiendo que no todo paciente está interesado en llevar un análisis hasta sus últimas consecuencias.

El estudio del objeto a me permitió situarlo en plural, reconociendo mirada, voz, objeto anal, entre otros, como objetos libidinales y no como entidades unificadas. Esta pluralidad reforzó la dificultad de su localización clínica y abrió la pregunta por su función en la transferencia, especialmente en la posición del analista como semblante de objeto causa de deseo.

“Cómo sostener entonces la orientación hacia lo singular? Como Lacan había podido invitar a ocupar el lugar del objeto a minúscula. El analista es un sinthoma. Está soportado por el sin sentido, (…) jugará al acontecimiento de cuerpo, al semblante del traumatismo. Y le será necesario sacrificar mucho para merecer ser, o ser tomado, por un trozo de real.” — Jacques-Alain Miller (2008-2009, p. 2)

En 2025, con la propuesta de la Pregunta del CID, el interés por el objeto a se articuló con un punto de impasse teórico: la centralidad de lo sexual en el psicoanálisis. Si bien se reconoce la noción freudiana de pulsión y la sexualidad infantil como marco conceptual, aparece una distancia respecto de una lectura reduccionista a lo sexual. El trabajo con el texto Tres ensayos de teoría sexual permitió situar la sexualidad no como un contenido, sino como una lógica de satisfacción ligada al cuerpo y a las zonas erógenas, mediada por el lenguaje. En este punto, el objeto a comenzó a pensarse como una articulación entre significante, cuerpo y goce.

Un segundo momento se produjo a partir de una viñeta presentada en tutoría. En sesión, un paciente refiere que una palabra dicha por él mismo en el dispositivo produce un efecto corporal, una desconexión afectiva; pese a poder continuar hablando, la conexión con el afecto que se sostenía hasta ese momento se desengancha. Este fenómeno permitió interrogar el estatuto de la palabra que toca el cuerpo y genera un corte. La hipótesis inicial fue que allí se ponía en juego una modalidad del objeto a, no como causa sostenida del deseo, sino como punto de irrupción que desarticula momentáneamente el lazo transferencial. Posteriormente, el paciente interrumpe el tratamiento, lo que reforzó la pregunta por la relación entre objeto, cuerpo y conclusión del análisis.

En paralelo, el propio análisis permitió ubicar la función del objeto y sus efectos subjetivos, así como la emergencia de la pregunta propia por el final: ¿hasta dónde continuar?, ¿cuándo detenerse?, y qué estatuto tiene un cierre que no apunta al pase ni al “fin de análisis” en sentido estricto. Esta experiencia permitió articular la pregunta con la clínica cotidiana, donde los pacientes no buscan agotar el análisis, sino producir un alivio del sufrimiento y un movimiento subjetivo que les permita vivir de otro modo.

En la tercera tutoría, este recorrido fue traducido en la formulación: ¿cómo hacer lazo con la singularidad?, permitiendo articular la función del objeto a con los distintos modos de conclusión del análisis. Así como también pensar en la posibilidad de un saber hacer con el sinthome del cual se habla en la última enseñanza de Lacan. Más que pensar el final como un punto cronológico, el interés se orienta a los efectos subjetivos que se producen cuando el objeto deja de operar del mismo modo y el lazo transferencial se transforma.

En este sentido, el trabajo no se orienta a establecer criterios universales del final del análisis. Por el contrario, se trata de interrogar los efectos singulares que se producen cuando el objeto a deja de operar como causa del deseo del mismo modo en que lo hacía hasta entonces. Estas variedades de conclusión permiten pensar el final no como cierre definitivo, sino como un momento lógico en el que algo del lazo se reconfigura.

Desde esta perspectiva, la pregunta por cómo hacer lazo con la singularidad apunta a situar la función del objeto a como operador clínico en los modos en que un sujeto puede arreglárselas con su goce.

La referencia al último Lacan permite pensar las conclusiones del análisis no como resolución del síntoma, sino como una transformación en la relación del sujeto con su modo de gozar. El objeto a no desaparece, sino que puede cambiar de estatuto, abriendo la posibilidad de un saber hacer.

“La cuestión para el último Lacan y para nosotros es como abordar ese real por el sinthoma: una forma de renovar el sentido del síntoma freudiano que ya no se toma en su vertiente de mensaje cifrado sino de sustancia gozante, cuerpo-supuesto-gozar.” — Jacques-Alain Miller (2008-2009, p. 1)

Así, esta interrogante orientará el trabajo posterior, que buscará articular con mayor rigor conceptual las referencias teóricas y clínicas implicadas.

“En el psicoanálisis, lo que se escucha se hace lectura de un texto que no es ni el universal ni el individual en cuanto comprendido en una serie, sino la singularidad del síntoma cualquiera sea como modo de gozar del inconsciente.” — Samuel Basz (2004, p. 5)

Este texto fue elaborado como una pregunta argumentada para el primer año del Programa de Estudios en Teoría y Clínica Psicoanalítica del CID-Santiago de Chile (NELcf).

Referencias

  • Miller, J.-A. (2008-2009). Cosas de finura en psicoanálisis. Clases del 10 y 17 de diciembre. Publicado en EFECTOS de FORMACIÓN.
  • Basz, S. (2004). Lo singular en el síntoma: un principio clínico. Revista digital de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL).